¿ Quien no recuerda un “chispazo” al tocar a alguien, al bajarse del coche o al llevar el carrito de la compra, eso es electricidad estática (la acumulación de cargas eléctricas en un material conductor o aislante…aunque esto lo explicaremos en otra entrada).  Lo que nos lleva a esta entrada es la investigación que están llevando algunas universidades para aprovechar esa energía para, por ejemplo cargar la batería de nuestros dispositivos móviles, no es nada descabellado de hecho algunos relojes no llevan pila y alimentan su consumo con el movimiento de la muñeca.

Algo así puede lograrse creando nuevos materiales capaces de generar electricidad si se encuentran en tensión mecánica (estirados o contraídos). Para potenciar este efecto se han creado materiales controlando su fabricación a escala nanométrica, consiguiendo aumentar la superficie del material.Esta idea ya tiene hasta patentes.

Por eso, en la actualidad se  investiga  la electricidad estática y la fricción. Este es el efecto que ocurre cuando pasamos un peine de plástico por el pelo en un día seco y éste se eriza. Al llevar el móvil en el bolsillo del pantalón y andar éste se mueve, frotándose contra el tejido del pantalón y cargándose de electricidad estática. Estos investigadores han demostrado que es posible aprovechar este efecto (llamado efecto triboeléctrico) para producir electricidad gracias a un plástico llamado polietileno tereftalato y un metal que sea conductor. Al juntar estos dos materiales se cargan eléctricamente y al frotarse entre ellos se produce una corriente eléctrica suficientemente potente para llegar a cargar una batería.

El nanogenerador que han creado puede transformar un 15% de la energía desprendida por la fricción en electricidad, pero Wang asegura que con materiales más delgados se podría llegar hasta un 40%. Un trozo del tamaño de una uña produce 8 mV, suficiente para hacer funcionar un marcapasos, y un trozo de 5 centímetros cuadrados ya es capaz de cargar una batería de teléfono. Además, la fabricación del dispositivo es sencilla y hay muchas combinaciones posibles de plástico común y metal que también funcionarían.

Ya solo queda ver si funciona fuera del laboratorio, el problema es que en nuestra rutina diaria el móvil no se mueve tanto como para cargarse rápidamente, por lo que se está pensando en diferentes accesorios que aprovechen el movimiento de otras zonas de nuestro cuerpo mucho más “agitadas”. Por ejemplo, un captador de movimiento con forma de brazalete.

Poder cargar el móvil moviendo los brazos, un paso más cerca de dejar de depender del enchufe más cercano cuando vemos la batería en rojo. Y también crear un marcapasos que nunca se pueda parar sin tener que cambiarle las pilas. Y otras muchas aplicaciones. Todo ventajas.

Fuente | MIT Technology Review

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